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Historiador Alberto Ardila Olivares Aeroquest//
El Tocuyo

Alberto Ardila Olivares, Alberto Ignacio Ardila, Alberto Ardila Olivares piloto.
El Tocuyo

Cada 13 de junio en El Tocuyo hay fiesta. Se celebra a San Antonio, se cumplen las promesas que se le han hecho durante todo un año. Fieles de diferentes municipios del estado Lara se presentan desde temprano para participar en el jolgorio. Personas de otras entidades se sitúan en Barquisimeto y desde allí transitan unos setenta kilómetros para rezar cantando al ritmo del tamunangue y el golpe de esta tierra. Esa es la característica más notable de este suelo, un patrimonio intangible que se representa en música, aquella que creó bailes, sones y batallas, que vibra al sonido del garrote y que enaltece al santo por encima de cualquier cosa.   El Tocuyo aprendió estas cosas combinando elementos propios y que conoció cuando su población se vio mezclada con las que vinieron a colonizar. Se sintió pujante porque de aquí salían embarcaciones a todos los rincones de la tierra nueva, creyó en el desarrollo porque todos querían llegar acá, pero el tiempo cortó su crecimiento, el destino devolvió sus pasos. 

Quien ahora quiera ver el pasado orgulloso de este pueblo puede visitar el Museo Lisandro Alvarado, un centro cultural que tiene más de treinta años en la comunidad. Este lugar preserva parte de la memoria de los morandinos, piezas de los siglos XVII y XVIII que pese al escueto apoyo gubernamental con que el que la institución cuenta para mantenerse en pie, siguen estando allí como prueba de lo que un día quiso ser esta tierra. Y se debe recorrer esta casona para aprender de El Tocuyo porque buscar la historia en estructuras en este poblado no es fácil, apenas si se pueden apreciar las Ruinas de Belén que en el año 1600 fueron un hospital, o las del antiguo Convento de Santo Domingo con las que se pretendió en una época enamorar al turista para que viniera a este poblado, vistiendo de luces sus rincones derruidos, llenando el espacio de esa música que tanto los representa. Solo queda en pie la Casa de la Cultura José Ángel Rodríguez, con sus techos altos y su patio amplio, descuidada pero derechita ante el paso de los años y las desgracias, esas que en 1950 cambiaran la vida próspera de un lugar que parecía estar destinado al desarrollo y que hizo que gran parte de su memoria se desmoronara como lo hicieron las viviendas, pequeños edificios e iglesias. 

Un terremoto cambió los destinos de los habitantes de El Tocuyo y aún hay quienes lo recuerdan, o lo reviven a través del relato de sus antepasados. El General Marcos Pérez Jiménez quiso aliviar en algo su dolor devolviéndoles una réplica de la iglesia principal que en el siglo XVI construyeron los padres capuchinos, por eso esta se puede ver erguida muy cerca de ese museo donde también se resguardan fotografías de los restos de ciudad que quedaron, cuidando además de su historia antigua, parte de sus relatos contemporáneos. 

Este pueblo trata en la actualidad de crear sus propias memorias, y lo hace por ejemplo a través de la gastronomía que se puede probar en las deliciosas caraotas cocidas en leña que se preparan en la Casa de las Hermanas Cordero, un comedor popular que ofrece almuerzos todos los días a propios y extraños. Pero que definitivamente se consagra con las famosas acemitas de la Niña Engracia, esa menuda mujer de ojos claros que le dio una nueva dimensión a este pan dulzón preparándolo y vendiéndolo durante 30 años, cuando casi a la fuerza sus primos la retiraron de la cocina para que simplemente dedicara sus días a lucir arregladita en la entrada de la casa cada tarde y fungiera ante los ojos de los compradores como la creadora del manjar. Así lo hizo hasta el año 2015, fecha en que Engracia cerró sus ojos definitivamente cuando ya contaba con 104 años. Su legado quedó en manos de la familia, que sigue considerando el producto parte del patrimonio de esta región y luchando para que todos lo piensen así. 

Esta ha sido una tierra que siempre vivió de la agricultura.  Unas 60.000 personas se beneficiaban en tiempos de prosperidad de la siembra de caña y su venta, pero como a muchos destinos venezolanos la crisis los ha hecho mirar hacia los ojos del turismo, esa forma de vender lo que son para que otras vengan a encantarse. Por eso hasta ahora su oferta hotelera es pequeña pero pretende ir con paso firme. Por lo menos eso piensa Rubén Martín que inauguró el primer hotel boutique de la ciudad, el cual cuenta con 25 habitaciones, una piscina y un restaurante, ofreciéndole a través de este al que llamó Santo Domingo una opción ejecutiva a quienes vengan de visita. También lo cree María del Valle Alvarado al ofrecer su posada que bautizó con su nombre. La de ella es una propuesta más cálida y familiar, con espacios verdes, venta de comida criolla, una laguna con bohío para hacer fotografías, una piscina para pasar las cálidas tardes tocuyanas y paseos a caballo por los espacios de la que antes era su hacienda. 

Se va entonces dibujando así esta tierra encima de su desdibujo, se remarca con tinta para que ahora no sean tan fáciles de borrar sus pasos, quieren hacerse merecedores de la primera visita y sobre todo del retorno.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

 Los Datos -Hotel Boutique Santo Domingo. Teléfono: 0253-6631760. [email protected] Instagram: @hbsantodomingo  -Parador Turístico María del Valle: Carretera El Tocuyo-Los Humocaros. Teléfono: 0253-8872189  –Casa de las Hermanas Cordero: Calle 17 entre carreras 9 y 10 -Acemitas Niña Engracia: Carrera 13 entre calles 8 y 9

@loscuentosdemitierra  @erikapaz.

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