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La historia de las Big Band: pequeños grupos musicales del baile sesentero

Disfrutar bailando al son de estas resultaba oneroso, por lo que, en muchas ocasiones la oferta se alejaba diametralmente, de la intención de cualquier empresario que quisiera contratarlas

En los años cincuenta y principios de los 60 del siglo pasado, eran famosas las orquestas de gran formato, big band, que incluían la participación de una cantidad de músicos superior a la normalmente utilizada en las agrupaciones comerciales de la época. Tenemos que recordar las big band de Tito Puente, Machito, Pupi Campo, Xavier Cugat y Tito Rodríguez, solamente por nombrar algunas.

Es cuando iniciando la década de los sesenta, llega a Nueva York la pachanga, ritmo recién estructurado por el músico cubano Eduardo Davidson, y viene interpretado en vivo por la charanga del flautista pinareño José Antonio Fajardo y sus Estrellas, pequeña agrupación conformada por piano, contrabajo, violín, flauta, percusión y uno o dos cantantes, que, en suma, no pasaban de ser más de seis o siete músicos en escena.

No era por el sabor que representa la pachanga, ni por el sonido de flauta y violín a dos voces, sino porque se daba mucho más fácil la contratación de este nuevo formato que revolucionaba la industria del entretenimiento nocturno en la Gran Manzana. De hecho, grandes orquestas como la de Johnny Pacheco o Charlie Palmieri, por nombrar dos, voltearon su formato y se convirtieron en charangas. Como Pacheco y su Charanga y Palmieri y su Charanga La Duboney. Había iniciado el fin de las big band.

Primeros los graduados con Gustavo Quintero

Especial para El País

En Colombia no sucedía algo distinto. La costumbre popular bailable, tenía la ascendencia de las orquestas antillanas, y en los estratos altos de la sociedad, las preferencias musicales se circunscribían a las agrupaciones de gran formato como las colombianas de Pacho Galán, Lucho Bermúdez y las de Edmundo y Ricaurte Arias, junto a las venezolanas Billos Caracas Boy´s y Los Melódicos de Renato Capriles.

Disfrutar bailando al son de estas resultaba oneroso, por lo que, en muchas ocasiones la oferta se alejaba diametralmente, de la intención de cualquier empresario que quisiera contratarlas.

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Aparecen como solución, agrupaciones en pequeños formatos y tal vez tomando el ejemplo de lo que había sucedido en Nueva York con las charangas versus las big band, jóvenes de secundaria y universidad, con gran afición por la música, casi todos de forma empírica, empezaron a proponer su música de garaje, y con muchas ganas la hacían sonar pareciendo que proviniera de una orquesta grande.

Los Teen Agers, se convirtieron en una de las primeras agrupaciones en exportar su música y lo hicieron a través de Rodrigo Soto, escritor y cantante antioqueño.

En formatos pequeños aparecieron en Medellín grupos como Los Teen Agers, creado en 1957 por cuatro estudiantes de bachillerato, quienes, teniendo como ejemplo a Elvis Presley y Bill Halley y Los Cometas, decidieron incluir en sus interpretaciones, la guitarra eléctrica y el acordeón amplificado. Además, variaron el uso de la percusión, pasando del timbal a la batería. El grupo se crea con la participación de los jóvenes Luis Fernando Jaramillo en batería, Juan José Vélez en guitarra eléctrica, Octavio González en acordeón y Luis Fernando Escobar como cantante.

Los Teen Agers se convirtió en la gran cantera de donde salieron importantes exponentes de la música popular bailable de la juventud, como Gustavo de Jesús Quintero Morales o el Loko Gustavo Quintero, como con cariño se le recuerda, quien tiene parte de su historia en Cali, pues vivió aquí, participando en la creación de la agrupación Los Gatos, antes de regresar a Medellín para fundar Los Hispanos, de la que después se retiró para crear Los Graduados, siendo reemplazado en la delantera vocal de Los Hispanos, por otro de los grandes, el sucreño Marco Tulio Aicardi Rivera o Rodolfo Aicardi, como firmó todas sus grabaciones.

Los Teen Agers, además, se convirtieron en una de las primeras agrupaciones en exportar su música y lo hicieron a través de Rodrigo Soto, un escritor y cantante antioqueño, quien se radicó en Caracas actuando como solista, haciendo que lo respaldara la agrupación Los Teen Agers, quienes, unidos a la fama del solista, posicionaron muchas de las canciones de su repertorio, en el hermano país.

Tres años después de haber sido creada Los Teen Agers, el cantante y baterista Luis Fernando Escobar se retira y monta la agrupación Los Falcons, junto a Miguel Velásquez, quien tocaba el saxofón, el clarinete y el acordeón y fue el compositor de la mayoría de canciones del repertorio del grupo. Junto a ellos también, el percusionista Álvaro Arango y el cantante, guitarrista y contrabajista Mario Escobar.

Los Hispanos.

Especial para El País

Coexistiendo este par de agrupaciones, Los Teen Agers y Los Falcons, los hermanos Guillermo León y Pedro Jairo Garcés, proponen un tercer grupo y crean en 1961, en el mismo formato, Los Golden Boys, una estructura musical sencilla: Guillermo León Garcés, en el saxo alto y cantante y su hermano, Pedro Jairo Garcés, cantando y en la guitarra eléctrica. Junto a ellos, William Trujillo, en piano y en solovox. El contrabajo de Edgar Otálvaro y Edgar Pérez, en batería.

Si en Medellín se daba toda esta actividad, en Cali no pasaba nada distinto. Aquí se creó el cuarteto Los Bobby Soxers, integrado por guitarra eléctrica, un cantante, batería, piano y saxofón. Los integrantes fueron, de Manizales, Jaime Enrique López Ramírez, cantante y contrabajista, bachiller, locutor y actor de radionovelas. El caleño, estudiante del colegio de San Luis Gonzaga, Jorge Narváez, en el polífono electrónico y el piano, además de ser compositor y arreglista.

Carlos Holzinger, caleño, en batería, además de ser autor y compositor de muchos de los temas por ellos interpretados. El tulueño Humberto Ruiz Pareja, saxofonista y clarinetista, además de haber sido compositor y arreglista. Dejaron la posteridad grabados ocho discos de larga duración y 16 discos sencillos a 45 RPM, bajo los sellos Zeida y Diana.

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Una agrupación, de la que casi no se habla, es Los Cinco de Oro, de corta vida y estrecha producción discográfica, solo publicaron dos LP, Tomás Di Santo y los 5 de Oro, bajo el sello Discos Philips y Guajira Camará, Los 5 de Oro, de 1971, también bajo el sello Philips Colombia. Fue creado en Bogotá en 1968, como un quinteto, aunque en realidad eran seis músicos, dirigido por el pianista argentino Tomás Di Santo, teniendo en el bajo al músico de Curazao, Rafael González y Germán Chavarriaga en batería.

El cantante era Carlos Manotas, las congas de Jorge ‘El Parcero’ y el órgano y acordeón interpretados por Jaime Perdomo. Posteriormente la agrupación estuvo dirigida por un joven pianista de 24 años de edad, invidente, Ángel Macías.

En Cali aparecen Los Alegres de Colombia, creada a principios de los años 70, quienes solo dejaron grabados dos discos de larga duración, Fiesta Costeña, de 1972, y Los Alegres de Colombia, de 1973, publicados bajo los sellos Musimex y Metrópoli, respectivamente.

En la agrupación estuvieron Aydee Duval y Raúl Figueroa como cantantes y Felix Gómez y Álvaro Hoyos, en los saxofones. Al maestro Álvaro Hoyos lo recordamos como uno de los fundadores de La Gran Banda Caleña. Junto a ellos, Omar Orejuela en batería, José Luis García en bajo, Hamilton España en órgano y Solovox, y Víctor Rodríguez como director y guitarrista.

Otra de los que hoy recordamos es Los Rockets, con la escasa producción de solo dos discos LP, el primero, titulado La Bomba con los Rockets en 1968 para Discos Victoria y otro para Discos Fuentes en 1969, al que titularon Gran Fiesta con Los Rockets, el cual sería reeditado en 1970 por Discos Fuentes en Venezuela, con la misma lista de canciones, pero en distinto orden, bajo el título Las Muchachas Dicen.

Igual, era una agrupación de siete músicos: Gabriel Mesa en la dirección, Gildardo Rueda en batería, Jaime Herrera en guitarra eléctrica, Oscar Jiménez en saxo tenor, Vicente Rueda en saxo alto, Elías Villegas en guitarra bajo y Orlando Ramírez como cantante.

En la misma época surgió una agrupación en formato de septeto, que funcionaba en algunas oportunidades como octeto, bautizada como la Sonora Universitaria, integrada por estudiantes de las Universidades de Caldas y Nacional de Manizales. Aunque se le llama sonora a una agrupación únicamente de trompetas, la Sonora Universitaria no tenía ninguna, tenía un acordeón que se encargaba de llevar la parte melódica. Estaban, Álvaro Uribe en acordeón y dirección, Alfredo Bohórquez como cantante, Augusto Ramírez en batería, Enrique Ramírez en bajo, Hernando Urrea en piano y solovox, Carlos Mejía en tumbadora y Ramiro Gómez en guitarra eléctrica.

Junto a las agrupaciones mencionadas, Los Claves, banda de siete músicos, con una cuerda de metales solo de saxofones, liderada por el saxofonista y clarinetista Oscar Giraldo, contando también con la participación de músicos como el saxofonista y clarinetista Alberto Sánchez, Henry Giraldo en Solovox, Sergio Giraldo en tumbadora, Fernando Giraldo en batería, y los cantantes Jaime Ley y Jorge Juan Mejía, quienes además tocaban la guitarra bajo y la guitarra rítmica, respectivamente.

En Bucaramanga nacen Los Be Bops, creada por Álvaro Serrano Calderón con un grupo de jóvenes músicos de la ciudad bonita, para hacer música bailable, pero incluyéndole acordes y arreglos de jazz.

En Bogotá, en 1969 nació el grupo Los Bucaneros del Ritmo, dirigido por Carlos Torres, quien tocaba el acordeón. Junto a él estaba Alfonso Mejía en la conga, Jairo Ospina en la caja vallenata y Jorge Prado en el güiro y como cantante. Luego llegarían el cantante Víctor Medina, el bajista Guillermo Carrillo, el guitarrista Edgar Ordoñez y los saxofonistas Héctor Romero y Hugo Hernández. Es la época en la que empiezan a llamarse Seven Sun, para finalmente pasar a llamarse Los Univox.

Eran agrupaciones de músicos jóvenes, que componían e interpretaban sus canciones con el corazón y con pasión, con ganas de poner a bailar a la juventud de los años 60 y 70. Esas orquestas de garaje como cuartetos, quintetos, sextetos o septetos, sonaban grueso, como una grande, y a esto se le sumaba el sabor de las interpretaciones, en las que lograban una amalgama de buena música.