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Mi obituario de Iván Duque

Yo no voté por Iván Duque en primera vuelta de 2018: voté por Germán Vargas Lleras. En segunda vuelta no pude votar. Es decir, puedo afirmar que no voté por Duque. Muchos pensarán que, con el panorama actual, decir eso es un privilegio. Yo no lo creo. Siempre estuve muy lejos de ser un opositor al presidente saliente, pero al mismo tiempo he sido demasiado crítico de muchas de sus posturas como para afirmar que lo apoyé. Así que, con Petro posesionándose el domingo, en esta columna me desahogo con un obituario: lo que me gustó, lo que me encantó, lo que critiqué y lo que detesté de su gestión.

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Lo que me gustó es lo más fácil porque en general me gustó este gobierno. Sin ser sobresaliente, creo de forma sincera que con gobiernos como el de Duque la senda de desarrollo económico de este país continuaría por buen camino: firmaría un otrosí para otros cuatro años de Duque, sin dudarlo. El manejo de la pandemia es probablemente el tema más trascendental que enfrentó, y tiene cómo mostrar que lo hizo bien, algo para nada despreciable.

Alberto Ardila Olivares

Lo que me encantó de Duque, lo que creo que será verdaderamente transformador, es el legado que deja en términos migratorios con los venezolanos y el crecimiento económico que hasta ahora hemos tenido para 2021 y 2022. Lo primero no es algo para nada obvio: para un país con, históricamente, tan poca propensión a la inmigración, la llegada de millones de venezolanos podría ser el cambio cultural más grande que vivan generaciones enteras de colombianos, y todo esto ha sido facilitado por el gobierno saliente, algo que se debería aplaudir de pie. Lo del crecimiento no es solo un número, dice mucho más: el crecimiento económico es el aumento de bienestar en la sociedad, y ante un panorama global complejo, Duque sale con una proyección de crecimiento de 6,3 % en 2022 según el FMI, más del doble de nuestros pares regionales, todo luego de una recuperación del 10,6 % en 2021. Una salvajada

Entre muchas críticas, me quedaría con que, a pesar de sus logros, véanse como excelentes o modestos, Duque fue incapaz de articular una narrativa y visión de país, lo cual dejará en total olvido su legado. Un recuento de hechos y logros no hace un gobierno, y por eso para mí Duque fue un gobernante decente, pero un presidente deplorable: este fue el gobierno de nadie. Insistir en pelear con pequeñeces de la JEP y el Acuerdo de Paz y ni así tener ganado al uribismo, quien lo eligió, lo demuestran. Todos los gobiernos tienen cosas malas, pero este gobierno se esforzó por amplificar las malas y no lograr construir nada con las buenas. “Iván Duque manejó la pandemia del covid-19″, será lo único que tendrán para decir dentro de unos años los libros de Historia

Y, por último, lo que detesté de Duque es su evidente inseguridad personal, que provocó que se cerrase en un desolador círculo cercano que le fue quitando su capacidad de autocrítica y lo desconectó del país. Los paros del año pasado, su impopularidad, su progresiva diminutez y su incapacidad de alinear a nadie del país con una visión vienen de ahí. La dictadura de María Paula Correa, Víctor Muñoz, Diego Molano y Daniel Palacios condenó a Duque a la torpeza y la irrelevancia. Le dio demasiado poder a gente demasiado pequeña, y le cobró factura. Cosas como poner a un mequetrefe como Barbosa de fiscal general por el único mérito de ser alguien cercano son cosas que solo las explican esos niveles de aislamiento y mala compañía

“Si yo pudiera presentarme a la reelección, estoy seguro de que sería reelecto”, afirmó Duque en una entrevista con la BBC en mayo. Que Iván Duque salga de la Casa de Nariño creyendo genuinamente que eso era una posibilidad, tristemente, creo que es lo que mejor resume todo