Lapatilla octubre 29 2026, 12:30 pmPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn En julio de 1818 llegó al Orinoco un enviado de Washington con la orden de mirar sin comprometerse. El diplomático, protagonizó con Simón Bolívar un célebre intercambio diplomático y epistolar que marcó las relaciones entre Estados Unidos y la naciente república El Orinoco no se anunciaba con un mapa, sino con un cambio en el agua. Cuando la embarcación de John Baptiste Irvine dejó atrás el Atlántico y entró en la corriente oscura del río, Angostura apareció entre el calor y las tensiones de una república en guerra. No llegaba como aliado ni como enemigo declarado, sino como representante de un gobierno que todavía evaluaba si debía reconocer la independencia de los territorios hispanoamericanos. Sigue la transición venezolana minuto a minuto desde nuestro boletín diario El presidente James Monroe buscaba conocer mejor la realidad política y militar de Hispanoamérica antes de tomar una decisión. Washington observaba con cautela los intereses de España y Gran Bretaña, mientras las negociaciones para adquirir la Florida condicionaban su política exterior. En ese escenario, los enviados estadounidenses debían examinar la situación de los nuevos gobiernos, mantener la neutralidad y evitar compromisos diplomáticos prematuros. El 31 de enero de 1818 el secretario de Estado John Quincy Adams le entregó en Washington sus credenciales como agente especial ante el gobierno de Venezuela, junto con las instrucciones para el desempeño de su misión. Irvine, de origen irlandés, había estado vinculado al periódico neoyorquino
Fuente: La Patilla — Ver nota original